Piel

Fotografías de gran formato capturadas por contacto
¿Aún crees que somos tan diferentes?

La naturaleza es nuestro cuerpo, el principio en que nos distinguimos como seres humanos.

El cuerpo es naturaleza y en él se inscribe la ética, nuestra segunda naturaleza. Por eso este discurso se construye desde el cuerpo ético, el cuerpo que es y que se muestra en el límite que le marca la sociedad, por eso la piel aparece apisonada por el límite invisible de la sociedad. La sociedad, la institución, el sistema político y económico que nos demarca precisamente la piel pues ella es el órgano que nos contiene, es nuestro límite como primera naturaleza y es nuestro primer contacto sensible con el mundo. La serie piel nos inserta visiblemente en un contacto violento que recibimos de fuera, que nos determina, nos detiene con límites invisibles, en sarcófagos de cristal donde nuestra piel se agolpa y se derrite. Luego viene la mirada hacia el interior, ¿quiénes somos después de ese contacto? Somos la representación que nos dirige la mirada a nuestro cuerpo fragmentado. ¿cómo cada uno de nosotros se mira desde su propio campo visual? Sin el espejo nuestra mirada se nos devuelve determinada por un pensamiento habituado a la interpretación analítica que divide en partes al “objeto” para su conocimiento, que lo fragmenta en espacio y en tiempo.

Estas piezas representan el cuerpo en sus extensiones: los brazos, los pies, la cabeza con el rostro, la frente, el cuello, el pecho.

Estas son las partes que definen por antonomasia el destino humano, los brazos para trabajar y luchar, los pies para andar el camino elegido o incierto, la cabeza y la frente que se enfatiza en las imágenes como recuperación de la medida del canon que define la dimensión de lo humano: el cerebro capaz de simbolizar y de pensarse a sí mismo, el cuello y el pecho que guardan el hilo de Ariadna: la voz que nos precisa para andar el laberinto del mundo y ser nosotros un ente cuya segunda naturaleza es la cultura con el corazón que invisible se fragmenta.

Las alusiones al mundo griego nos remiten al mito civilizatorio de la modernidad donde la antigua Grecia es el centro creador de la cultura occidental. Sin embrago las alusiones son pertinentes en la medida en que esta serie se inserta en la dialéctica del proyecto intersexual que se plantea como oximorón del pensamiento: aceptar lo diferente para ser iguales, con el objetivo de quebrar la lógica lineal de lo binario.

La serie nos muestra esta metáfora del cuerpo, nuestro cuerpo gravado por los límites del mundo y sus instituciones sociales, en el cual cabemos todos.

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