Álbum familiar

La impresión de lo cotidiano. La revelación de la mirada propia sobre los objetos que nos rodean; de los paisajes y entornos que contemplamos, de los que formamos parte y que nos condicionan de vuelta.

El reflejo de nuestra mirada sobre el otro: las sombras, las luces, los recuerdos, los fantasmas, las emociones atrapadas en el instante, testimonio de la danza planetaria y estelar, a partir de la cual interpretamos el tiempo y su paso a través nuestro.

El álbum familiar no es solo la crónica de las anécdotas. No son estampas burdas sin sentido. Son símbolos cargados de significado. Son postales de otra dimensión: la dimensión en la que habita el desconocido, el sin rostro, el sin nombre. Es la imagen que dice más que mil palabras. El silencio deja de existir, fluye un discurso: “yo también soy”. El sin rostro se hace visible, el sin nombre se da a conocer. “Mi cuerpo, negado, ignorado, habita también en este mundo”.

“Yo, como tú, soy una persona. Yo, como tú, soy un ser humano”.

La imagen, la fotografía, es un reto. Al vivir desde el cuerpo negado, el retrato propio representa una barrera. ¿Cómo entablar el diálogo con el otro? ¿Cómo derribar el morbo que busca etiquetar al fenómeno? Las narrativas descritas en estas instantáneas, construidas desde el cuerpo con el que nacimos, son la puerta de entrada para establecer una humanidad común.

Aquí y allá se avizora un brazo, un pie. Se sugieren formas, fragmentos del cuerpo humano que son asequibles. Esta elección nos salvaguarda de las violencias nacidas de la intolerancia y la incomprensión; pero también invita a mirar con familiaridad y llegar suavemente al entendimiento último de que (con)vivimos en los mismos espacios. Que perseguimos intereses y aspiraciones de vida diversas, como diversas son las vidas de las personas que habitan este plano.

Que en la humanidad que acusan los objetos, los ambientes y las escenas fotografiadas, habitamos, y nos sentimos representados, porque todo ello dice algo muy íntimo y de nosotros que, de otra forma, quedaría en el silencio y en la oscuridad.

Y esos silencios y esas oscuridades, matan. Aquí, declaramos una intención opuesta: vivir. Así, con nuestros cuerpos. Como fueron. Como son.

Como somos.

HANA AOI


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